Palacio Pitti (Palazzo Pitti)

 

Cuando el rico mercader florentino Luca Pitti murió, su palacio más allá del Arno todavía no se había terminado. Jamás se pudo comprobar si el autor del palacio fue Brunelleschi, sin embargo lo que se sabe con certeza es que esta construcción era mucho más chica de cómo se presenta en la actualidad. En ese tiempo Florencia estaba gobernada por los acérrimos adversarios de los Pitti, es decir los Medici, y el destino quiso que el edificio terminara propio en sus manos, cuando en 1550, la rica mujer de Cosimo I lo compró, conjuntamente con el parque y la plaza anterior, como residencia oficial del linaje. Palacio Pitti, abierto a los jardines de Boboli, representaba para los Medici una alternativa más prestigiosa y apropiada que la residencia de Palacio Viejo, que era el edificio símbolo del pasado republicano de Florencia. Cosimo y Eleonora decidieron convertirlo en una mansión principesca y le encargaron a Bartolomeo Ammannati completar y, sobre todo, agrandar el edificio. Duplicado el volumen interno y con el agregado de las alas laterales, el poco agraciado edificio del Cuatrocientos se transformó en el más monumental de los palacios florentinos del tardo-renacimiento.

En realidad los Medici se mudaron allí sólo después de muchos decenios, con lo cual el Palacio por mucho tiempo desempeñó una especie de función de hotel de representación para embajadores y soberanos, y fue el lugar preferido para los eventos mundanos de la corte. Además, para poder llegar al Palacio con mayor facilidad y sin tener que mezclarse con la muchedumbre, Cosimo le encargó a su arquitecto y asesor artístico Giorgio Vasari que realizara un pasaje sobreelevado (denominado Corredor Vasariano) que lo conectara con Palacio Viejo. Palacio Pitti, convertido en residencia oficial de los Medici solamente en 1589, con Ferdinando I y Cristina di Lorena, ha albergado a lo largo de siglos otras dos dinastías: Lorena y Savoia. Por ende, las ampliaciones y evoluciones, que se debieron al cambio de destinación de la residencia, representan la cultura y el gusto estético de un amplio lapso de tiempo, del tardo Renacimiento a nuestros días.

Sus decoraciones suntuosas, la extraordinaria colección de obras de arte constantemente acrecentada durante años por nuevas adquisiciones, los productos artísticos, las fuentes, las plantas raras del jardín de Boboli, han marcado a lo largo de los años la historia de esta espectacular residencia. Cabe señalar que en la historia del Palacio fue de fundamental importancia la decisión de Leopoldo d'Asburgo Lorena de abrir al público el ala oeste, sede de los antiguos departamentos de los Medici, donde se organizaron las obras de las varias colecciones Medici (mientras la corte seguía habitando en el ala este). La Galería Palatina se abrió al público en 1834. Cabe destacar que para poder entrar se exigía decencia en la vestimenta.

La Galería Palatina, en un esplendoroso marco de decoraciones, incluye importantísimos cuadros del Renacimiento florentino y véneto, entre los cuales la célebre Madonna della seggiola y La Velata de Rafael, aparte de numerosas telas de Tiziano. El Seiscientos y Setecientos están representados por algunas obras de arte de Caravaggio y por una de las más importantes colecciones de cuadros extranjeros en Italia, con obras de Rubens, Van Dyck y Murillo.

Ya en 1919, cuando el Palacio todavía era una residencia real del linaje Savoia, en las salas del segundo piso se preveía colocar la Galería de Arte Moderna, como perfecta continuidad cultural de la tradición del pasado. La Galería contiene arte italiano de la última parte del Ochocientos, representado sobre todo por obras impresionistas, y de la primera parte del Novecientos.