The Uffizi Gallery

 

La entrada al museo de los Uffizi es muy discreta, casi mimetizada entre los pórticos de las austeras y elegantes arquitecturas de los palacios vasarianos.

Sin embargo, dentro de estos edificios, que son una valiosa obra de arquitectura, está uno de los más célebres museos del mundo. Los edificios gemelos, construidos por Vasari a partir del 1560 para las oficinas de los Magistrados de la Comuna de Florencia, de donde se deriva el nombre ‘Uffizi’, ocupan el escenográfico corredor que desde plaza de la Señoría se dirige hacia el río. Vasari, fallecido unos diez años después, obviamente no podía imaginar que en estos recintos un día se tendría una colección tan especial y distinguida en el mundo del arte, no tanto por el número de obras representadas, que, cabe decirlo, es ingente, sino por la extraordinaria calidad de cada una de ellas.

Visitar los Uffizi también quiere decir sumergirse en el pasado glorioso de la ciudad: a través de las vidrieras se aprecian las imágenes de Florencia medieval y renacimental, se ve el Arno con el Puente Viejo o algunas vistas parciales espectaculares de las plazas y de los palacios antiguos, entre los cuales el más famoso, el Palacio Viejo.

Pero, sobre todo, es posible encontrarse de frente a algunas de las obras maestras más célebres del arte de todos los tiempos. Cimabue, Giotto, Guardi, Canaletto, este extraordinario viaje por el arte parte del Doscientos hasta llegar al arte moderno, de Carrá y Severini. Ante todo se aprecian las maravillas de la insuperable colección del Renacimiento florentino e italiano, entre la cual se exponen 27 Botticelli.

La cultura del Humanismo, el redescubrimiento de lo antiguo, la representación en perspectiva del espacio, se expresan a través de una fantástica serie de cuadros, entre los cuales la célebre pareja de retratos de los duques de Urbino de Piero della Francesca o la fabulosa interpretación de Paolo Uccello de la Batalla de San Romano. En el cuarto dedicado a Botticelli se siente casi conmoción, y solo esta emoción justifica el viaje a Florencia.

Delante de las sinuosas formas de la célebre Primavera o de los dulces rasgos de las Vírgenes de Botticelli se queda atónicos. La ’Anunciación’ de Leonardo, una obra que transmite un especial sentido de misterio y fascinación, inspira admiración silenciosa. Y además la célebre Virgen del Cardellino de Rafael, Caravaggio, Tiziano, Guardi, Canaletto pero también autores extranjeros, como Rubens, Rembrandt, Ingres y Dèlacroix.

Esta inestimable colección tuvo origen en un pequeño conjunto de objetos de arte, que Francisco I quiso conservar en un ambiente exclusivo, concebido especialmente por Buontalenti. En este precioso recinto, estructura, decoraciones y objetos aludían a los cuatro elementos del universo: el aire evocado por la rosa de los vientos colocada en la claraboya, el agua por las valvas que decoraban bóvedas y paredes, el fuego por el terciopelo rojo del tapizado, la tierra por el mosaico del piso. Luego, a lo largo de siglos, el museo se ha ido enriqueciendo, agregando cada vez más obras maestras prestigiosas: cuadros, pero también miniaturas, hallazgos arqueológicos, dibujos, impresiones y una extraordinaria colección de autorretratos de artista.

Lo excepcional de los Uffizi está dado también por este sorprendente proceso de agregación y desarrollo: el trabajo permanente, verdaderamente extraordinario, del coleccionismo apasionado de reinantes y príncipes cadetes. En este sentido, los Uffizi de Florencia, naturalmente pueden representar la obra más grandiosa que la estirpe de los Medici haya sabido concebir.