Santa María del Fiore (Duomo de Florencia)

 

Edificada en la antigua área sagrada del castrum romano, la basílica de Santa Reparata conjuntamente con una serie de edificios dedicados al culto componían el núcleo original de lo que luego se convertiría en el centro religioso de Florencia de nuestros días. No se tiene total certeza de la existencia de un baptisterio, pero de lo que no hay dudas es que entre los siglos XI y XIII el área se vio implicada en un importante programa de mejoras y ampliaciones, en el ámbito de una renovación económica y cultural más global de la ciudad. Se amplió la basílica de Santa Reparata y probablemente el Baptisterio se reconstruyó en su totalidad, adquiriendo la forma que hoy conocemos.

En este mismo período se amplió la muralla de la ciudad, se edificaron el Palacio Viejo (en ese entonces denominado 'Palacio de los Priori') y dos iglesias monumentales: Santa Maria Novella y Santa Croce. Alrededor de la catedral tomaron forma algunos edificios relacionados a la solidariedad social, es decir: Archiconfraternidad de la Misericordia, Orfanato de Bigallo, Hospital de San Giovanni Evangelista. Este último, del cual hoy no queda nada, dará celebridad a Florencia.

De frente a este excepcional cambio de escala, la vieja catedral, no obstante haber sido ampliada, resultó sobradamente inadecuada a la imagen de ciudad nueva que Florencia estaba constituyendo de sí misma. Se generó, por lo tanto, la exigencia de edificar una nueva catedral, que fuera la justa representación del poder y la estabilidad de la República florentina: un valor cívico a asignar a un monumento religioso.

La nueva Catedral, cuyos trabajos fueron encomendados al arquitecto oficial de la Comuna, Arnolfo di Cambio (autor del Palacio Viejo), nació como obra pública, y fue terminada por la misma Comuna, 'para que la industria y la potencia de los hombres no inventen ni puedan emprender jamás algo más grande y más bello'. Se cambió la dedicación: ya no a la mártir oriental, Santa Reparata, sino a la Virgen, y la referencia al Fiore, símbolo de Cristo, parecía querer unir en un vínculo sagrado la catedral a su ciudad, cuyo nombre antiguamente era Florentia.

En 1296 Arnolfo colocaba solemnemente la primera piedra. Su proyecto era sumamente innovador: una iglesia con espacios amplios, reminiscencia a la arquitectura clásica, con tres naves y un amplio coro circundado por un 'trifolio' de ábsides (otra referencia a la flor) sobre el cual se terminaba por empalmar una gigantesca cúpula. Lamentablemente, después de la muerte de Arnolfo se tiene un largo período de abandono, después del cual se nombra como responsable de los trabajos a Giotto, que se dedicará preponderantemente al Campanario. Sólo después de pasar el obrador a Francesco Talenti, de 1349 a 1359, se completa el complejo de la iglesia, según un esquema todavía más ambicioso que el de Arnolfo. En 1380 se terminaron las naves, con lo cual Florencia tuvo su grandiosa catedral.

Todavía faltaba la cúpula, que se tenía que edificar sobre el enorme tambor octogonal construido por Talenti. Semejante obra (ya que se trataba de cubrir un vano de aproximadamente 42 metros) fue realizada por Filippo Brunelleschi, 'inventor' de la perspectiva y de una nueva concepción de arquitectura, en antítesis con la tradición medioeval. La cúpula de Brunelleschi, que se realizó en apenas dieciséis años, es una obra de arte de ingeniería, donde un sapiente juego de encastres logra equilibrar una masa colosal. La cúpula, cuya figura se puede ver claramente desde varios kilómetros, se impuso desde el primer momento como símbolo de la ciudad, así como de la nueva y revolucionaria cultura renacimental.

La celebración del hombre, individuo racional en el centro del mundo, es el fundamento de la cultura humanista y renacimental y es la clave de lectura en el ámbito eclesiástico. Los retratos de personajes ilustres celebran las dotes cívicas del hombre: coraje, dignidad, genio creativo al servicio de la República. Hallamos representados dos famosos líderes, John Hawkwood, obra de Paolo Uccello (1436) y Niccolò da Tolentino, de Andrea del Castagno (1456). Además, están los retratos de Dante, Giotto, Brunelleschi. La arquitectura interna, sobria y austera, anticipa la concepción renacimental, que veía mejor representada la espiritualidad a través del equilibrio armonioso de las formas simples, de la racionalidad de la geometría pura.