Santa María Novella

Plaza de Santa Maria Novella es una de las más grandes plazas del centro histórico de Florencia. Para que los fieles pudieran escuchar las prédicas de los monjes dominicanos, que allí tenían un convento, esta plaza fue ensanchada varias veces. Desde el medioevo se utilizó para fiestas, justas y otros espectáculos. Aquí se celebraba el Palio dei Cocchi, como recuerdan los dos obeliscos de mármol, obra de Giambologna. Se trataba de una carrera de carros, en boga hasta mediados del Ochocientos, entre la basílica y el hospital de San Paolo.

Aparte de la basílica, la plaza engloba importantes edificios: la larga galería abierta del Hospital de San Paolo y la anexa farmacia de los monjes, el antiguo laboratorio de destilación de hierbas y plantas medicinales que los monjes preparaban para curar a enfermos y peregrinos.

Iglesia de Santa María Novella

A la plaza Santa Maria Novella se asoma la basílica del mismo nombre, con su célebre fachada de Leon Battista Alberti.

Alberti, hombre esencialmente de letras, es una de las principales figuras del Renacimiento, codificador de los principios de la perspectiva y autor de una serie de importantes tratados teóricos.

Santa Maria Novella es una de las primeras basílicas florentinas. Debe su nombre al hecho de haber reemplazado un oratorio del siglo IX, dedicado a Santa Maria delle Vigne. Ni bien esa área fue comprada por el orden dominicano, en 1221, se emprendió la construcción de la nueva iglesia, bajo dirección de Iacopo Talenti, que luego se convirtió en la nueva y suntuosa sede del potente orden monástico. La fachada de la basílica es una obra de arte renacimental.

Aquí Alberti, enmarcando la primera franja, de mediados del Trescientos, en la bicromía del diseño general (Baptisterio del siglo XI) pone en práctica los principios renacimentales, codificados por él mismo, de la arquitectura como aplicación de un esquema regular, ordenado por reglas matemáticas y geométricas. Aquí la arquitectura es concebida como un escenario de elementos organizados en una relación de equilibrio y armonía, para contemplar como si fueran un cuadro.

Alberti integra en un esquema de templo romano la franja de fachada existente, e inventa dos espiras laterales, de unión entre la parte superior, nueva, y la inferior. Artimaña útil, entre otras cosas, para ocultar el techo inclinado de las naves laterales. Bajo el aguilón sobresale una leyenda con caracteres cubitales con el nombre de Giovanni Paolo Rucellai, el rico mecenas renacimental al cual se le debe la finalización de la obra (que por cierto tiempo quedó sin terminar por falta de dinero) y que se le haya encomendado el trabajo a Alberti.

En el interior de la basílica hay una obra de arte del primer renacimiento: la grandiosa Trinidad efectuada por Masaccio entre 1425 y 1427, poco antes de los frescos de la capilla Brancacci, en la iglesia del Carmine. En un esquema en perspectiva atrevidamente innovador, que reproduce una capilla casi como si fuera una extensión de la arquitectura de la iglesia, Masaccio introduce las imponentes figuras del Padre y del Hijo en la cruz. Más adelante, a los costados, la Virgen y San Juan, mientras en primer plano sobresalen el donador del fresco, miembro de la familia Lenzi, con vestimenta de confaloniero (el más alto cargo cívico de la comuna de Florencia), arrodillado junto a su mujer. Un poco más abajo hay un esqueleto sobre una tumba, con la inscripción: 'Yo soy lo que tu eres y lo que yo soy tu serás', en alusión a la caducidad de la vida.